Malvinas y democracia: cuentas pendientes

Por Jerónimo Guerrero Iraola, secretario General de Diecisiete.


Se cumplen 37 años de la finalización de la guerra de Malvinas. Estas casi cuatro décadas dejan un sabor agridulce. Por un lado, merced a la incansable misión de organismos como el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) La Plata, o militantes como Orlando Pascua, se ha podido generar conciencia colectiva y herramientas de disputa simbólica que apuntan a resignificar el hecho bélico de 1982.
Por el otro, continúa firme aún la cortina de hierro simbólica, sostenida desde algunos sectores de las fuerzas armadas, sectores políticos y líderes de opinión. En esas tensiones intestinas se juegan las libertades que faltan, o los dolores que perduran. Hablo, por ejemplo, del anhelo de los más de 120 denunciantes de alcanzar la Verdad y la Justicia por los hechos de torturas de los que han sido víctimas, o de los actos de despojo soberano que, en relación a las Islas del Atlántico Sur, nuestras aguas y lecho marítimo, y la Antártida, viene realizando el Gobierno desde 2015.
Cada vez que una visión soberanista, respetuosa de los derechos fundamentales triunfa, sobreviene una reacción cuya fuerza es proporcional al peso de la consagración. Logramos, en términos regionales, que ningún buque con destino a Malvinas pudiera amarrar en puertos nuestroamericanos. Declaraciones diplomáticas que dieron cuenta de los sucesivos incumplimientos por parte de Gran Bretaña a los términos de la Resolución 2065 de Naciones Unidas. Reclamos frente a las maniobras militares desplegadas desde Monte Agradable, sitio en que se encuentra emplazada la base militar más grande de la OTAN en el Cono Sur. Fuimos capaces de concebir el proyecto Pampa Azul, de exploración prospectiva e investigación de nuestro inmenso Atlántico, y de gestar programas de investigación sobre la cuestión Malvinas, financiadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación, y ejecutadas por investigadores e investigadoras de diversas Universidades públicas.
Sin embargo, como una forma de disciplinar las fuerzas vivas de nuestro subsuelo patrio, el Gobierno desguazó las acciones soberanistas. El acuerdo Foradori-Duncan, del 13 de septiembre de 2016, es una clara demostración de cómo la gestión Macri intentó favorecer las posiciones británicas, en detrimento de las múltiples consagraciones político/diplomáticas que se consiguieron a partir de entender la complejidad de la cuestión Malvinas y su carácter geoestratégico.
Sólo si somos capaces de aprehender las nociones de la Argentina oceánica y bicontinental, podremos asumir una mirada prospectiva desde donde concebir el desarrollo humano, la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. Liberación o dependencia son dos proclamas que se corporizan como nunca en Malvinas, pues en el corazón de ese clivaje se encuentra la posibilidad de garantizar al pueblo argentino (y a todos y todas aquellas que quieran habitar nuestro suelo), un mañana próspero.
Volver a Malvinas de la mano de América Latina es, como propone el CECIM, el gran desafío colectivo.