8M: el día que visibiliza

Por Belén Bacci, secretaria General de Diecisiete.


Sin dudas el 8 de marzo es un día de reflexión, encuentro y luchas históricas para toda la sociedad. Es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es el día en que paramos y nos ofrecemos en sororidad a mostrar todas las heridas, las cosas que no queremos más y los derechos que nos falta conquistar.  

Si bien su origen nos remite a la huelga y posterior muerte de trabajadoras fabriles en Nueva York, toma cada día nuevos símbolos colectivos. El trabajo, la educación, la diversidad cultural, los medios de comunicación, la economía y las creencias religiosas atraviesan nuevos interrogantes, y nos invitan a deconstruir conceptos adquiridos desde hace cientos de años.

El 40 por ciento de la fuerza laboral global es femenina, sin contar las horas de trabajo doméstico que ensancha la brecha junto a peores condiciones laborales, empleo inestable y menor acceso a áreas para desarrollarse profesionalmente. Trabajamos más, por deber y obligación patriarcal, que un hombre, cobramos menos y nos impusieron en conformarnos con ser “buenas amas de casa”.

Fuimos excluidas en distintas formaciones laborales y profesionales. No querían comprender lo que la igualdad de género implicaba. Pasaron guerras, pasaron catástrofes para que se nos reconociera como impulsoras de economías prósperas y se admitiera que nuestras ideas eran fundamentales para el desarrollo humano. La discriminación educativa y laboral se cristaliza, pero, aún hoy, no desaparece.

En nuestro país, no fuimos aptas para votar hasta 1949, sin contar que las voces de legisladoras y referentes eran tristemente subestimadas. Gracias al movimiento encabezado por Eva Duarte de Perón, obtuvimos el derecho de votar, de hacer valer nuestra voz en la toma de decisiones políticas, tuvimos representada la dignidad y la igualdad en las políticas públicas. Décadas después, ese mismo movimiento reconoció y reguló el trabajo doméstico, brindándonos la posibilidad de jubilarnos. El cupo femenino implementado del 30 por ciento en las listas electorales, hizo que nos manifestamos más fuerte, para que hoy consigamos tener el 50 por ciento en las elecciones.

Estos pocos hechos descriptos fueron parte de un proceso de lucha constante, determinada y de gran valentía. Sentaron las bases para que las nuevas generaciones salgamos a las calles a marchar y exigir. No queremos que nos encuentren muertas, si somos asesinadas por quienes decían amarnos. Tampoco queremos ser una estadística; tenemos nombre y apellido en las causas justas. Queremos igualdad y respeto.

En este tercer paro internacional de mujeres, lesbianas, travestis y trans, exigimos que la ética y la moral NO decidan por nosotras y nuestros cuerpos. Paramos por la implementación urgente y real de una educación sexual integral en todo el país y establecimientos educativos. Paramos por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito hasta que sea ley. Paramos en un contexto de ajuste, de precarización de nuestras condiciones de vida,  y aumento de la pobreza.

Paramos por las que sufren toda esta violencia y desigualdad, por las que están desaparecidas, y por la memoria de las que ya no están.